Mostrando entradas con la etiqueta asqueroso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asqueroso. Mostrar todas las entradas

El día que arol fue estrella barrial


Corría el año milnovencientos y algo y arol era un niñete pequeñito que jugaba en su casa y tenía amigos en el barrio con quienes se reunía en interesantes tertulias donde se intentaba trascender con destrezas tales como “quién corre más rápido”, “quién salta más alto” o “quién es mejor con la pelota”.
No me interesa mucho explicarles, pero la actividad física jamás fue un bien preciado en el físico aroliano por lo cual todas las destrezas antes citadas estaban bien alejadas de poder cumplirse, pero siempre hay alguien a quien se le ocurre una prueba que puede estar al alcance de los niños poco ágiles.
Creo que tenía unos cuatro o cinco años cuando a un amigo del barrio se le ocurrió la prueba de “quién mea-orina-pipicea más lejos”. Por muy compleja que parezca, la técnica era simple. En primer lugar no es posible que en ella compitan las mujeres pues consistía en ponerse de pie en algún lugar reservado como, por ejemplo, el medio de la calle, sacar la cosa es que todo hombre lleva entre las piernas y apuntar hacia el infinito tratando de dejar una marca húmeda que otro tendrá que superar.
A los cinco años me pareció una idea estupenda. No tenía que correr ni hacer grandes esfuerzos, sino pensar en una técnica. Y se me ocurrió, pero hasta tanto no tuviera todo controlado no lo haría en público pues la reputación estaba en juego.
Así fue que pensé la estrategia: beber mucho agua, aguantar todo lo que se pueda y cuando ya está a punto de explotar, correr al medio de la calle y zákate, el chorro a diestra y siniestra.
Pues bien. Lo hice. Bebí mucha agua, aguanté lo más que pude las ganas, y antes pensé en el ataque sorpresa. Me escondí detrás de un arbusto tratando de que el chorro dibuje un semicírculo en el aire y aparezca del otro lado de la planta que me suparaba a mi en estatura. Llegué al lugar, saqué a mi amiga entre las piernas, apunté hacia arriba mientras la miraba con atención y fue tal la fuerza que no conseguí controlar y el chorro terminó adentro de mi boca.
Conclusión: Fui la estrella del lugar pues nadie había visto (y creo que no lo volvieron a ver) alguien que sea capaz de acertar su propio pipi en la boca. Sin dudas, un genio sin igual.

Mocosos


Acabo de ver algo en la calle que me hace reflexionar… oh!!! Arol haciendo deportes. No esas son “flexiones” no “reflexiones”. Pero el tema que nos trae hoy a este lugar es algo asqueroso, así que si hay niños o sensibles cerca, por favor, salgan de ahí que lo que se aproxima es fuerte.
Un señor detiene su coche en el semáforo en rojo. Hasta ahí todo normal, pero el tema es que cree que los vidrios son oscuros porque con descaro se mete el dedo en la nariz y con tantas ganas que pensé que se le había perdido algo.
Pero meterse el dedo en la nariz no es un problema, es hasta natural para algunos. Bueno... que sí, que es un problema, pero lo que viene después entonces es una catástrofe. Después de escarbar los tesoros perdidos el señor saca su dedo y lo mira con atención, como si quiere reconocer una parte suya y vuelve a poner las manos en el volante como si nada ocurriera y arranca. No quise ni pensar dónde dejó eso. No quise ni pensar, pero pensé.
Y pensé y recordé que hay varios tipos de mocosos. Porque en esta vida, señoras y señores se ha visto de todo y al que no conozca a uno de estos no se lo creo.
Hay un tipo de mocoso que podríamos llamar “El Cariñoso” porque después de quitarse aquella cerdada siente pena y lo guarda. Generalmente utiliza una silla o una mesa.
Seguido a ese tenemos “El juguetón” y este sí que es un puerco porque se lo saca (siempre un poco durito) y lo tiene entre los dedos, un poco por indecisión de dónde depositarlo y un poco por diversión. Hace bolitas, lo mueve de aquí para allá y siempre, siempre remata de la misma forma: Lo ubica en la punta del dedo mayor y tras presionarlo sobre el dedote zas!!! Lo hace surcar los aires para ver dónde cae.
Hay muchos tipos, pero el que más me sorprende es “El Mago” y este personaje es peligroso pues tras la tradicional escarbada nadie sabe cómo lo hace pero consigue que su pertenencia desaparezca de la faz de la Tierra. Atención, se debe tener la menor expresión de amistad con este ser pues nos dará la mano, nos tocará y nos hará parte de su magia.
Así que, mejor, usen pañuelos y... por favor, no inventen puerquesas con los pañuelos tampoco.